El arte, ese mundo de sinverguenzas, como decía el Gran Gañán.
Ya ni expresar quieren. Ellos no quieren decir nada, tan sólo presentan. Te plantan un cubo de plexiglás; porque sí, porque les da por ahí. El artista ya no es lo importante, la obra ni siquiera es suya, muchas veces ni la construye. "Lo que ves, es lo que ves" que decía Frank Stella. Ellos te plantan un objeto real, y si tu quieres ver ahí metáforas es todíto tu problema.
Y el caso es que tiene su encanto. Mirar una "obra de arte" con todo el mito que ello conlleva diciendo tan sólo: es lo que hay, te produce una especie de alivio extraño. Es como ascender lo cotidiano y vulgar al lugar más alto del podio. No tienes que interpretar, buscarle 5 pies al gato y finjir que te gusta la textura del traje del emperador. Simplemente tienes que percibir por tus sentidos, abrir los ojos y mirar...Te abandonas a la comodidad, te pones las zapatillas de andar por casa y te quitas los corsés mentales. Ya no tienes que ser alguien que no eres, y ahí estás tú (ni tú hija, ni tú madre, ni tú trabajadora, ni tú consumidora...) TÚ, lo que vienes siendo tú, sin darle más vueltas, frente a un cubo de plexiglás.
Y entonces he pensando que esa es la misma sensación que te produce una familia, o una pareja, la misma sensación que te produce leer el relato de una tarde cualquiera de tu tío (imaginártelo con sus tirantes colocando amorosamente el té en sus estan-tés). Esa comodidad de ser uno mismo rodeado de personas, también sin corazas.
El sentirse seguro en esa desprotección, creo que eso, es la felicidad.
Untitled by Donald Judd
